

La inmensidad de Tecnópolis tiene un porqué: representa –a pequeñísima escala– los sueños de un país entero.
(Sitio oficial Tecnópolis Argentina en Facebook, agosto 2021)
This article focus on the history of Tecnópolis, a science, technology, and arts fair inaugurated in 2011 during the government of Cristina Fernández de Kirchner, as an emblematic space for understanding the strains between different models of nation in Argentina, including science policy. Four periods are briefly reviewed: the initial one (2011-2015), characterized by a strong state-led, federal imprint and the articulation of science, technology, history, and human rights within the framework of a national project; the Macri administration (2016-2020), which shifted the focus toward individual entrepreneurship, the progressive privatization of spaces, and laco of interest in policy planning; the Frente de Todos government (2020-2024), which re-signified the park during the pandemic as a health center, and later recovered content related to sovereignty, federalization, and collectivity; and the Milei era (2023-present), which closed the fair and re-oriented the space toward private events, in line with a systemic attack on the national scientific-technological system as a whole. Based on the observation that the scientific field consistently receives positive public evaluation over time, despite stigmatizing official discourses, the text reviews some of the fair's reverberations both within the scientific-technological sector and in the external sociopolitical sphere, and concludes by postulating the need to re-signify a future Tecnópolis based on the lessons the fair has left from its origins to the arrival of the current far-right government.
Introducción
El 14 de julio de 2011, Tecnópolis abrió oficialmente sus puertas. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner encabezó la ceremonia inaugural enfatizando que este no era un proyecto más, sino “la demostración de que los argentinos podemos hacer cosas grandes cuando nos proponemos hacerlas”.1
Desde entonces y hasta la llegada del actual gobierno se contó con un recurso inédito y complejo en el formato de una feria de ciencia y artes, llamado Tecnópolis, que ofició como ecosistema concentrador de pensamiento y acción en el cual se contactaban la ciencia, la tecnología, la industria, la educación y otros sectores en torno a una concepción que, sin estar exento de contradicciones y debates, ofreció una mirada de país antagónico al que atravesamos en la actualidad. Por su formato y concepción original, ese modelo resultó palpable y asimilable para amplias franjas de la sociedad que pudieron recorrer la muestra, aspecto fundamental para trascender y enriquecer la discusión de los actores politizados que, naturalmente, no suelen cobrar masividad.
La feria Tecnópolis fue creada mediante el Decreto Nº 2110/2010 del 29 de diciembre de 2010, que estableció el “Proyecto Tecnópolis del Bicentenario, Ciencia, Tecnología y Arte” como un parque temático interactivo de carácter permanente. Ese carácter permanente de sus actividades, establecido en el artículo 2 del Decreto es un aspecto clave del marco legal que le da creación, y debe ser leído en el contexto de la disputa política de aquel momento. En efecto, Tecnópolis fue pensada originalmente como actividad de cierre de la conmemoración de los dos siglos de la independencia nacional. Dicha conmemoración, con centro en el año 2010, fue fruto de la coordinación de la Unidad Bicentenario, liderada por Oscar Parrilli, y contó con múltiples actividades celebratorias y de reflexión histórica en todo el país. En este marco, Tecnópolis iría a ser emplazada por un plazo de pocos días en la avenida Figueroa Alcorta de la Ciudad de Buenos Aires, a modo de cierre de las celebraciones del Bicentenario. Pero el entonces jefe de gobierno, Mauricio Macri, rechazó la autorización para la instalación argumentando que “colapsará todo el sistema de transporte” en gran parte de la ciudad y que “es inviable, por no decir una locura”.2 Ante esa decisión, el gobierno nacional redobló la apuesta, impulsando el Decreto 2110 y emplazando la feria en un predio de cincuenta hectáreas en la provincia de Buenos Aires, localizado en Villa Martelli, Vicente López.
En ese predio, parte de la antigua chacra de Cornelio Saavedra, se situaba hasta el momento el Batallón 601 del Ejército Argentino, sitio emblemático en el esquema de centros clandestinos de detención durante la última dictadura. La iniciativa contó con el acompañamiento del intendente radical de Vicente López, Enrique García, y de la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Con fondos del gobierno nacional y aportes del sector privado, el lugar fue totalmente reconvertido y adecuado para albergar a Tecnópolis. Tal como indica Vázquez (2016) la identidad, arraigada y conflictiva, de esta porción territorial de Villa Martelli, fue recuperada en cierta proporción y con distintas modalidades, por el guion expositivo del parque científico-tecnológico, aportando a su identidad conurbana y popular.
Gracias al aporte de diversos sectores, pero también bajo la conducción organizacional del poder ejecutivo y sus dependencias, Tecnópolis logró convocar a distintos sectores para transformarse en el parque temático científico-tecnológico, recreativo, y artístico más relevante de Latinoamérica. Desde su creación y hasta 2023, el parque se consolidó como un ámbito de múltiples intersecciones y sinergias entre la divulgación científica y tecnológica, la educación, y la promoción de la cultura científica en nuestro país. Su emplazamiento en un barrio del conurbano aumenta su simbolismo y clarifica sus objetivos, ya que representa la cercanía que la generación de conocimiento y su impacto en la vida cotidiana debe tener con el propio territorio que lo contiene. Como se detalla más adelante, desde su inicio hasta el presente Tecnópolis refleja la impronta que cada administración le imprimió al sector científico, las artes y la cultura (Díaz y Márquez, 2021). Por ende, Tecnópolis es un reflejo en escala de las políticas pendulares que oscilan entre gobiernos de cuño nacional y popular, interesados por la consolidación del sector y su impacto en la sociedad, versus gobiernos de corte neoliberal que banalizan la producción científica o directamente buscan anularla.
En este artículo propongo partir de la interrupción de este espacio en la coyuntura política actual, dominada por la avanzada de un modelo de extractivismo financierizante, anti-estado y neocolonial instaurada por Milei, como punto de partida para reflexionar sobre la historia de Tecnópolis, los debates que generó, y cómo sobre esta base podemos (debemos) resignificar su utilidad y necesidad para pensar en etapas post-mileistas.
Las mismas requerirán fuertes consensos donde será necesario un esfuerzo colectivo para la restauración de instituciones, agendas, valores, objetivos y acciones que convocan, entre otros, al sector científico-tecnológico en el marco de un proyecto de nación.
Origen y primer período de Tecnópolis (2011-2015)
La fase inicial de Tecnópolis (del 2011 al 2015) se llevó adelante entre los meses de julio y noviembre de cada año (450 días en total), y se diagramó como una estructura comunicacional y educativa destinada a valorizar la producción de conocimiento nacional de un modo contextualizado, donde la historia, la ciencia, la política y la tecnología se entrecruzaron en el guion de la exposición. Así, por ejemplo, espacios destinados a la temática energética o nuclear cohabitaron el Parque con organismos de Derechos Humanos, desarrollos experimentales en nanotecnología, tecnología satelital o robótica (Vázquez, 2016). Más adelante veremos que lo que a priori se antojaba como inconexo, logró ir consolidando un hilo narrativo propio.
En este primer período, la feria recibió más de 22 millones de visitantes, lo que da un promedio de ~4,4 millones por año. Se estima que, del total de visitantes, al menos 2.610.000 fueron estudiantes de todos los niveles, así como miembros de organizaciones sociales de todas las provincias. Estas visitas de carácter educativo fueron llevadas a cabo mediante un mecanismo de gestión específico, que brindaba apoyo relacionado al traslado, materiales educativos, formación docente y asistencia durante la visita propiamente dicha. El personal especializado dedicado a esta labor recibió a unos 550 mil estudiantes por año, distribuidos en aproximadamente 8 mil contingentes de las 24 provincias. 1.214 conferencias científicas en tono divulgativo y 1.783 funciones de espectáculos con reminiscencias a la actividad científica son solo algunos de los números que ejemplifican el impacto, masividad y federalismo que desplegó este primer período.3
En este período, los lemas empleados fueron “Decir presente mirando al futuro” (2011), “Energía para transformar” (2012), “El Desafío del conocimiento” (2013), “Un mundo por descubrir” (2014), y “Futuro para siempre” (2015).
Es de destacar que la convocatoria a distintos sectores fue amplia, incluyendo los aportes tanto de instituciones públicas (Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidades, Comisión Nacional de Asuntos Espaciales, Comisión Nacional de Energía Atómica, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Instituto Nacional de Tecnología Industrial, Dirección del Antártico, Fuerzas Armadas, etc.), como privadas, incluyendo más de 150 empresas (e.g. Aerolíneas Argentinas, Yacyretá, Núcleoeléctrica Argentina S.A., INVAP, YPF (figura 1), Astilleros Tandanor, Bio Sidus, entre otras). También tuvieron su espacio países invitados, tanto de la región como de Norteamérica, Asia y Europa.
Tecnópolis durante la gestión macrista (2016-2020)
En correlato con el retroceso registrado para el sector científico-tecnológico en estos cuatro años, Tecnópolis también sufrió repliegues tanto desde el punto de vista de su impacto en la comunidad como en su estructura narrativa. El presidente Macri encomendó la muestra a Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos. A poco de comenzar su gestión se dispusieron cambios en los principales lineamientos de la feria, así como en el equipo de gestión. El desinterés del gobierno central en la feria se percibe tempranamente, ya que la edición de 2016 fue la de menor convocatoria (2 millones de personas). Asimismo, es en este año que se sanciona la resolución 5/2016 de la Jefatura de Gabinete de Ministros, que marca el comienzo de la privatización de los espacios de la muestra y el cobro de cánones por el uso temporario de los mismos.
Ya desde el lema elegido para el año 2016 (“Punto de encuentro”) se advierte un desplazamiento del eje hacia contenidos que no ponen a la muestra en particular, y a la ciencia y la tecnología en general, como elementos de disputa geopolítica, ni como parte de un proyecto nacional. Se apela a lugares comunes como el entretenimiento, el cultivo de valores individuales, el “emprendedorismo” por sobre la articulación sectorial, y los contenidos homogeneizadores. Así, por ejemplo, se presentaron espacios tales como el “Club de Estilo”, “El Club de Creadores” y “Selfie Time” destinados a fomentar el uso de redes sociales por parte de sectores juveniles (figura 2). Según la página institucional, “El Club de Estilo” te “invita a vivir la experiencia de una it girl mostrando cómo las mujeres son protagonistas de las redes sociales a través de la belleza, la vida saludable, el humor y los libros”.4
En paralelo, a partir de 2016 se discontinuó el “Parque Temático de Zamba”, protagonista central del canal infantil “Paka Paka”, profundizando así la des-historización de la feria y su hilo narrativo.
Tecnópolis durante el gobierno del Frente de Todos (2020-2024)
2020 posiblemente sea recordado como el año en que se inició la pandemia por Covid-19 en el mundo. A diferencia de otras pandemias del pasado, la del Covid-19 se expandió de manera planetaria en tiempo récord. Entre otros efectos, pocos meses más tarde la pandemia instalaba la imposibilidad de eventos públicos, y con ello Tecnópolis atravesó una transformación en su rol, y fue re-orientada para transformarse en un recurso único en el complejo esquema que el gobierno del Frente de Todos implementó para combatir los efectos sanitarios y económicos que impuso la pandemia. De este modo, se transformaron casi un cuarto de sus hectáreas en un Centro Extra-hospitalario de Aislamiento para personas con diagnóstico de Covid-19.
Adissi y Ferrero (2021) relatan que
En esa línea, la Agencia Télam relata el momento del cierre del Parque Sanitario, luego de haber recibido a 1347 personas residentes de la Provincia, el 04/12/20, acto en el cual el Ministro de Salud bonaerense Dr. Daniel Gollán señaló que el Parque Sanitario Tecnópolis fue paradigmático porque “además de dar contención sanitaria, psicológica y social a todos los ciudadanos y ciudadanas que pasaron por aquí, lo hizo con una carga de emotividad, de cariño, de amor, de confraternidad, de solidaridad muy fuerte”. Tecnópolis, al igual que el resto del sistema científico-tecnológico nacional, supo reorientarse rápidamente para atender la demanda sanitaria.
Las ediciones 2021, 2022 y 2023 contaron con los lemas “Cultivar lo humano”, “Argentina soberana, creando futuros” y “La potencia de lo colectivo”, respectivamente y desplegaron sus exhibiciones más de 80 organismos participantes y más de 70 espacios. Este período contó con tres millones de visitantes en 57 jornadas, registrándose 800.000 visitantes durante las vacaciones de invierno.
Este trienio post-pandemia comienza con el décimo aniversario de la muestra y refleja el interés por la ciencia y la tecnología que el Frente de Todos despliega, en contraposición con la gestión macrista. El espacio destinado a la gestión científica y sanitaria de la pandemia ocupa un lugar central, intentando relatar la articulación entre distintas órbitas del Gobierno que permitió a Argentina ser uno de los países con menor tasa de sobremuertes por COVID en la región (Schumacher et al, 2024). Así, este espacio pone el énfasis en la recuperación del contacto social y la reflexión sobre el valor de lo colectivo tras la crisis sanitaria.
Cabe destacar también que en la edición 2021 se abre el espacio a una mayor federalización, habilitando la presencia de centros de investigación del interior del país, como fue el caso del Centro Nacional Patagónico, en ocasión de sus 50 años.5
Otro rasgo a destacar fue la visibilización del rol de las mujeres en la ciencia y la tecnología, y específicamente en la edición 2022 el concepto de soberanía como principio rector del desarrollo socioeconómico, y abordado de manera transversal (soberanía espacial, ambiental, cultural, tecnológica, energética, productiva, marítima y alimentaria). Se destaca también el cambio narrativo hacia las infancias, donde se descartan el enfoque individualista y basado en lo estético que desplegó la gestión de Macri/Lombardi, y se retoma la figura de Zamba como protagonista de los contenidos destinados a las infancias. La edición 2023, por otro lado, se da en el marco de los 40 años de democracia ininterrumpida en Argentina (figura 3). El abordaje a dicha fecha buscó enfatizar que solo a través del trabajo colectivo se pueden construir sociedades más justas, menos desiguales e inclusivas.
Tecnópolis en la era Milei (2023-presente)
Durante el gobierno de Javier Milei Tecnópolis experimentó una transformación profunda: dejó de ser un espacio estatal gratuito de ciencia y cultura y mutó hacia un predio cerrado, orientado a la autofinanciación y, finalmente, a la privatización. En efecto, desde el inicio de su mandato el Gobierno calificó a Tecnópolis como un símbolo del “gasto público mal administrado” del kirchnerismo, en la misma línea discursiva desplegada para todo el sector de ciencia, tecnología, la salud pública y las Universidades, entre otros sectores denostados por los funcionarios de más alto rango.
En el caso específico de Tecnópolis, la tendencia a la monetización del acceso a los espacios iniciada en la gestión de Mauricio Macri se acrecentó, derivando en el cierre total de la Feria. En la actualidad, el sitio web oficial6 indica que
Con esta lapidaria sentencia, el gobierno le pone un cierre a una iniciativa que perduró desde 2011 hasta 2024 sin interrupciones (salvo durante su reconversión como recurso para combatir la pandemia de COVID-19).
La magnitud del daño infligido es aún mayor, aunque todavía no haya cobrado relevancia. Por ejemplo, entre febrero y marzo del corriente año la Secretaría de Investigación, Ciencia y Tecnología intimó al CONICET a liberar sus espacios en Tecnópolis antes del 30/6/26.7 El Directorio del Consejo propuso ofrecer las estructuras y el contenido curatorial a instituciones interesadas (red institucional, universidades, municipios, museos de ciencias, escuelas, diversas instituciones públicas y privadas), bajo la condición de que la entidad receptora absorba costos logísticos de desarmado, traslado y armado. El desguace es total y, como puede observarse, ha quedado documentado en los actos administrativos del gobierno actual, que serán fruto de análisis histórico en el futuro. En paralelo a este desmembramiento, el gobierno impulsó en febrero de este año un concurso público abierto por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), que depende de Manuel Adorni, destinado a concesionar los terrenos de Tecnópolis a privados. El procedimiento administrativo fue denunciado en dos causas penales independientes, bajo sospecha de estar direccionado a un consorcio de empresas con vínculos directos con el gobierno.8 Donde antes había un proyecto de educación, artes, ciencia y tecnología con eje en el desarrollo y la inclusión, solo ha quedado el avance de los grupos concentrados, y los negociados de los funcionarios nacionales.
Tecnópolis en el contexto actual: breve caracterización del ataque mileísta a la ciencia y la tecnología
La interrupción actual de la feria no es una anomalía, sino parte de una política general que Milei lleva adelante como brazo ejecutor de los grupos económicos concentrados a los que responde. En efecto, tras dos años y medio del gobierno libertario de Javier Milei, el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación sufre un ataque de proporciones inéditas que impacta a todas y cada una de las instituciones que directa o indirectamente se abocan a la generación de conocimiento y su vinculación con sectores de la comunidad y el mundo productivo. El ajuste y la degradación institucional han llegado a todas las instituciones que conforman el sistema científico-tecnológico nacional, así como al sector industrial, imposibilitando así la construcción de un entramado institucional orientado a la incorporación y dominio de tecnologías de desarrollo local. Esta avanzada contra la ciencia y la tecnología nacionales tienen múltiples aristas, que trascienden el mero recorte de presupuesto destinado tanto al funcionamiento de las instituciones como al financiamiento de proyectos de investigación científica. La degradación salarial, plasmada en una pérdida aproximada de un 40% del poder adquisitivo desde diciembre de 2023 a la fecha, ha generado un escenario de expulsión de profesionales, particularmente de nóveles científicos y tecnólogos que escapan de un escenario poco atractivo desde lo salarial y laboral. La desarticulación entre las distintas instituciones del sistema, acción deliberada llevada adelante por las autoridades bajo excusas “eficientistas”, impide el desarrollo de proyectos y programas que requieren precisamente de la acción coordinada de distintos sectores tanto públicos como privados. La estructuración de discursos anti-ciencia y anti-estado, liderada por el propio presidente de la Nación, derrama hacia abajo en el organigrama y hacia el costado a través de medios de comunicación y actores mediáticos que repiten el mensaje estigmatizante hacia la actividad científica y sus trabajadores. A todo ello se suma el notorio incumplimiento de leyes que respaldan o preservan desde distintos aspectos al sistema científico-universitario, sancionadas en gobiernos anteriores o en el presente, y que el Poder Ejecutivo desconoce explícitamente, lo que ha derivado en procesos de judicialización de distinta índole. Y finalmente, pero no menos importante, se destaca la instalación de un clima persecutorio y discriminatorio al seno interno de muchas instituciones científicas, donde la expresión de opiniones disidentes es penalizada a través de sumarios, persecuciones o directamente despidos. El acoso y devastación del sector y sus trabajadores ya cuenta con un amplio registro de publicaciones que lo documentan y explican (De Ambrosio y Koop, 2024; Hurtado, 2024; RAICyT, 2024; Liaudat y Bilmes, 2024; González-José y Hurtado, 2024, 2026; Aliaga, 2025).
En el caso de las empresas de base tecnológica, algunas de ellas de carácter estratégico para sectores clave como el energético y nuclear, la tendencia impuesta por el gobierno es hacia la pérdida de capacidades, ya sea vía vaciamiento o privatización, como es el caso de IMPSA compañía clave para la generación de energía hidroeléctrica y afines, o intervenidas por autoridades sin experiencia alguna en el rubro, como es el caso de Na-Sa, compañía clave en el sector nuclear (Hurtado y Malinovsky, 2026). En la práctica, esto constituye la pérdida de actores clave en sectores donde la disputa tecnológica es notoria, y donde nuestro país supo demostrar capacidades de crecimiento y generación de divisas sostenidas en el tiempo y relativamente sólidas ante cambios políticos.
Ciencia, tecnología y percepción ciudadana
Descrita someramente la situación actual en relación a la ciencia y la tecnología desde 2024 a la fecha, es necesario discutir si los discursos oficialistas anti-ciencia tienen un efecto real en la percepción ciudadana. Esto además es necesario para contar con una adecuada caracterización del escenario social en el cual debemos imaginar las transformaciones que el sector requiere, de cara al fin de ciclo de la ultraderecha.
Recientemente se han dado a conocer los resultados de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés (Reynoso, 2026), realizada por el Laboratorio de Observación de la Opinión Pública (LOOP). La encuesta, llevada adelante en 1008 adultos entre el 10 y el 17 de marzo de 2026, deja claro que amplias franjas de la muestra están insatisfechas con las decisiones políticas del gobierno Nacional en materia de educación y ciencia (figura 5).
En la misma línea, el informe reporta que el sector científico es aquel que cuenta con la opinión pública más positiva, sin importar las preferencias políticas/electorales de los encuestados.
Otras experiencias de alto impacto en materia de comunicación y divulgación científica apuntan en la misma dirección tales como la campaña oceanográfica del buque Falkor Two (Damborenea y Brusa, 2025) o las clases de biología de Alberto Kornblihtt en el canal Gelatina (Kornblihtt, 2026). Se trata de eventos comunicacionales no planificados que, sin embargo, batieron récords de audiencia y seguimiento en redes.
En conjunto, lo expuesto hasta aquí grafica la contradicción en la que incurre la gestión Milei. Al igual que con la obra pública, la salud, la educación, las jubilaciones y los programas de medicamentos, con la ciencia y la tecnología ocurre el mismo fenómeno: el gobierno ha avanzado de manera agresiva sobre sectores que cuentan con una alta valoración popular, que también luce sostenida en el tiempo y a través de diversos electorados y regiones geográficas. Es sobre esta base conceptual que deben re-pensarse las estrategias comunicacionales relacionadas a la ciencia y la tecnología.
Reflexiones en torno al pasado de Tecnópolis y su proyección a futuro
Sobre esta somera caracterización de la historia de la feria, la coyuntura del sector científico, las políticas sectoriales implementadas por Milei, y la percepción comunitaria sobre dicho fenómeno, se propone un análisis sobre algunos aspectos que dejó Tecnópolis, los debates que abrió en distintos sectores, y las preguntas abiertas que deja de cara a una reapertura en un futuro retorno de un proyecto de gobierno nacional y popular.
El guion y los debates científicos sobre el mismo
Como era de esperar, el hecho de la confección de diversos guiones para la muestra y sus espacios, así como el montaje de objetos y la elaboración de materiales educativos físicos y audiovisuales, generó per-se una serie de reflexiones críticas acerca de la comunicación pública y pedagógica del conocimiento. Esto fue especialmente notorio para el caso de las exhibiciones antropológicas relacionadas a la evolución humana, el poblamiento de América y el abordaje al pasado y presente de los Pueblos Originarios en el contexto museográfico de la feria (Delmonte Allasia, 2016; Conforti et al, 2017; Funes et al, 2021; Gómez-Vázquez y Zotta, 2024; Elichiry et al, 2024). De particular interés es el abordaje de los propios intérpretes, que en su mayoría fueron estudiantes de las disciplinas vinculadas a cada espacio, y que pudieron experimentar en carne propia las tensiones entre el guion académico-científico (que en el caso de las ediciones 2011-2015 fue caracterizado como etnocentrista-esencialista en lo referente a la diversidad cultural), su práctica profesional como guías-intérpretes, y las devoluciones verbales o escritas de la comunidad durante el recorrido propiamente dicho. La información surgida de esas tensiones solo puede generarse en un ámbito como Tecnópolis, y ya de por sí constituye un corpus documental que será materia esencial para repensar futuras ediciones (ver Delmonte Allasia, 2016).
En la misma línea, especialistas de Ciencias de la Tierra reflexionaron acerca de la manera en que la información presentada en Tecnópolis refiere a procesos extractivos, tanto de minerales como de hidrocarburos, y que el énfasis en la exposición estuvo principalmente en los aspectos técnicos, sin acudir a los aspectos sociales que están involucrados en estos procesos (Bonan, 2014). En especial, destacan la poca referencia (o con referencias acríticas) sobre los pasivos ambientales que estos procesos conllevan, y al poco énfasis que se les da a los procesos de consulta ciudadana o a la “licencia social”, aspectos que deberían formar parte de la discusión ciudadana en un ámbito como Tecnópolis (Bonan, 2014).
Tecnópolis como espacio extra-muros
La feria fue también un punto de encuentro y una plataforma para la visibilización de sectores que tradicional o circunstancialmente carecían de espacios de contacto contundente con el gran público. Así, por ejemplo, las radios comunitarias y los comunicadores del interior del país o de espacios conurbanos tuvieron en Tecnópolis un ámbito para llevar su palabra y mostrar sus estilos comunicacionales. Las acciones de comunicación sonora generadas en el espacio de la Secretaría de Políticas Universitarias en Tecnópolis, por ejemplo, fueron otra forma de mostrar que la universidad sale de sus muros y trasciende el ámbito de su propio territorio (Beneitez et al, 2024).
En la misma línea, Tecnópolis funcionó como plataforma para subdisciplinas que, por su carácter relativamente novedoso y/o su complejidad técnica, cuentan, hasta el momento, con baja penetración comunitaria en relación a otros campos del conocimiento. Es el caso de la nanotecnología, que a través de las acciones de la Fundación Argentina de Nanotecnología y sus espacios en la feria permitieron comunicar al público la innovación que produce la nanotecnología y sus mejoras en la calidad de vida y en el medio ambiente (Vericat et al, 2013).
La tecnología por sobre el paradigma cientificista
En un punto, Tecnópolis plantea un contra-discurso al paradigma academicista/cientificista bajo el que han nacido y se han desarrollado gran parte de las instituciones científicas nacionales, tal vez con el caso de CONICET y la impronta de Bernardo Houssay como principal ejemplo (Hurtado, 2025). Por el contrario, la fuerte presencia del sector empresarial, tanto público como privado, ocupando lugares centrales en la narrativa y en el espacio físico del Parque, apunta a un modelo de ciencia y tecnología de carácter estratégico, necesario para la transformación social y económica. En Tecnópolis podía verse en casos concretos la generación de conocimiento básico, seguida del desarrollo tecnológico, y sus impactos concretos en cadenas productivas y economías regionales. Al plantear una convivencia armoniosa con otros sectores donde también la ciencia y la tecnología impactan (DDHH, educación, ambiente, etc.), el modelo que emerge es el de un Estado ordenador de las capacidades estratégicas del sector, con un horizonte de desarrollo inclusivo e insertado en la región y sus condicionantes estructurales. El período macrista, por el contrario, muestra un discurso neoliberal emprendedorista, donde Tecnópolis se vuelca al individuo y su presencia en redes, se apunta a una muestra des-historizante, se instala la privatización de los espacios, todo ello en consonancia con los recortes y retrocesos que el sector CyT experimentó entre 2015 y 2019.
Reflexiones finales: pensar una nueva Tecnópolis
La extensión en el tiempo y su magnitud en cuanto a recursos hace que la experiencia de Tecnópolis pueda ser vista como única en Latinoamérica. En varios aspectos, la iniciativa fue innovadora y transgresora, trascendiendo a una simple exposición temporal para erigirse en un núcleo de pensamiento y producción científico-cultural, pensada para permanecer en el tiempo y alcanzar a generaciones venideras. Su devenir, así como la impronta que los sucesivos gobiernos le han impuesto a la feria, deja varios aspectos para seguir reflexionando.
En relación al enfoque general, es de destacar que Tecnópolis pone a la tecnología en un lugar destacado: el centro de muchas de las actividades y de los lemas empleados hace referencia al impacto que la generación de conocimiento en instituciones nacionales tiene en aspectos sutiles o amplios en la vida cotidiana. En este sentido, es contra-cultural al sesgo intrínseco que la ciencia nacional tiene hacia discursos más meritocráticos, centrados en el “científico” y no en las instituciones o las ideas. Relatos cientificistas, a fin de cuentas.
Por otro lado, su carácter inédito también radica en que desde su origen la feria intentó (o lo hizo involuntariamente) dejar al descubierto el entrelazamiento entre las políticas en ciencia y tecnología y un proyecto más amplio en lo político, lo social, lo económico y lo cultural (Vázquez, 2016). Por otro lado, al convocar a entidades del sector público, pero también al empresariado local, y partiendo de una caracterización de Argentina como país de la semiperiferia de América Latina (Hurtado, 2025), Tecnópolis también puede ser vista como una invitación a la reflexión sobre el problema de la desconexión entre los sectores económicamente estratégicos y las políticas de ciencia y tecnología en la Argentina. Los rasgos que ha demostrado el gobierno de Javier Milei, en tanto proyecto de financierización, endeudamiento, fuga y extranjerización, junto con la desposesión de bienes públicos y bienes naturales comunes, se aceleran e intensifican con los ataques a los entornos institucionales-empresariales donde la Argentina industrial busca acumular capacidades organizacionales y de I+D. La brutalidad del modelo de Milei, que se suma a los ciclos antinacionales iniciados por Martínez de Hoz en el ‘76 (Hurtado, 2025), nos obliga a repensar en la elaboración de guiones y discursos donde el péndulo de modelos contrastantes que atraviesa nuestro país sea retratado con mayor explicitación. La comunicación de la ciencia es una actividad fuertemente mediada por la política, y la reconstrucción de Tecnópolis en tanto espacio interesectorial, interdisciplinario, federal y comunicacional, deberá reflejar con precisión los ciclos anti-nacionales que afectan no solo al sector científico y tecnológico, sino a la sociedad en su conjunto.
De cara a las discusiones intra-sector de ciencia y tecnología, es estimulante tomar contacto con la multiplicidad de debates y publicaciones generados por el simple hecho de deconstruir la experiencia de cada espacio, su hilo argumental, el enfoque que se le dio, los puntos de partida narrativos, y otros aspectos que generaron un ida y vuelta entre la muestra propiamente dicha, los especialistas en el tema, y quienes oficiaron como intérpretes en contacto con el público. En este sentido, y tal como destaca Bonan (2014), los referentes que teorizan sobre la populari¬zación y la educación en ciencias dan cuenta de la necesidad de vincular al ciudadano con las decisiones que subsumen dentro de sí cuestiones científicas, sugiriendo generar instancias en las que se proponga a los sujetos adoptar una actitud crítica frente a los aspectos científicos que se vinculan con su realidad, tanto a nivel personal como en la escala social, comunitaria. Para el caso de Tecnópolis, se ha criticado que la monumentalidad del espacio y sus montajes, lo que sumado a la gran afluencia de público implica una fuerte experiencia inmersa en la narración, pero dificulta el abordaje crítico y la recepción de una devolución crítica por parte del público, que adopta un rol pasivo ante quienes “transfieren” el discurso científico (Elichiry et al, 2014). En este sentido, la crisis de representación política en la que ha derivado el gobierno ultraderechista de Milei exige un resurgimiento del diálogo y los consensos colectivos en torno a causas y rasgos culturales compartidos. Las masivas marchas universitarias, a favor de los discapacitados, o en memoria de los 50 años del golpe de Estado dejan entrever, junto con los datos de encuestas presentados arriba, que aún existe en nuestro país una sociedad interesada por pensar en su futuro sin perder anclaje con el pasado.
De este modo, cabe postular que una futura Tecnópolis deberá mantener su carácter de espacio público de mediación cultural, en el cual la estética y el saber científico así como las tecnologías que nuestro entramado socio productivo puede exhibir con solvencia establezcan una relación dialéctica e incorporen la mirada ciudadana, sus percepciones, esperanzas, y miradas en torno a la ciencia y la tecnología. Es preciso, entonces, que la temporalidad histórica se articule con la utopía proyectiva, y los sujetos sociales, en este caso, millones de argentinos, que reconocen en el conocimiento una experiencia de construcción de sentido transformadora y compartida. Vienen a cuento entonces las palabras finales del discurso inaugural de la presidenta Fernández de Kirchner mencionado al comienzo de este artículo:
Referencias bibliográficas
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